Dar un nuevo impulso al 8 y 9 de junio, fechas insignes del estudiantado colombiano

Programación académica

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De izquierda a derecha, los panelistas Roberto Romero, por el Centro de Memoria y Eduardo Gómez y Eduardo Suescún, veteranos de las jornadas del 8 y 9 de junio de 1954

Con la presencia de veteranos de las jornadas estudiantiles del 8 y 9 de junio de 1954, el pasado jueves 9 de septiembre tuvo lugar en el edificio de posgrados de la Universidad Nacional un conversatorio sobre los memorables hechos con la presencia de numerosas personas.

Convocados por Memoria y Palabra, un grupo de historiadores de dicha universidad, allí estaban Jorge Arias de Greiff, Eduardo Suescún y Eduardo Gómez, quienes participaron activamente en el movimiento estudiantil de los años 50.

Todos ellos y Roberto Romero, por el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, expusieron sus puntos de vista sobre el Día del Estudiante.

Arias hizo un interesante repaso sobre la importancia para el país que conllevó la creación del campus de la Universidad Nacional, que se encontraba dispersa en varios sitios de la capital.

"Al presidente Alfonso López Pumarejo y su programa liberal de avanzada, le debemos este aporte esencial a la cultura", señaló.

"Las luchas de los estudiantes en todos estos años, junto con los profesores, ha sido y es por la defensa de la educación pública", subrayó.

Roberto Romero hizo un parangón entre las jornadas de junio de 1929 contra la "rosca" y la hegemonía conservadora y la participación activa del estudiantado en lucha por la democracia.

"El sacrificio del estudiante de la Universidad Nacional Gonzalo Bravo Pérez, asesinado por la policía el 7 de junio de 1929 en Bogotá, marcó el camino de una política de violencia contra el movimiento estudiantil que tuvo su más grave momento con la masacre de universitarios del 8 y 9 de junio de 1954 en las calles de la capital con la muerte a manos de las tropas de 10 estudiantes", indicó.

Remarcó en la necesidad de rescatar para la memoria histórica estos acontecimientos y homenajear con placas y recordatorios los nombres de todas las víctimas estudiantiles en el campus como se rememora a Uriel Gutiérrez, caído el 8 de junio en la entrada de la Universidad Nacional.

El ex ministro de Justicia del gobierno de Barco, Eduardo Susecún, quien fuera uno de los más destacados dirigentes estudiantiles de la Universidad Nacional a mediados de los años 50, recordó con lujo de detalles cómo fueron los momentos previos a la muerte de Uriel Gutiérrez y la posterior masacre del 9 de junio en la calle 13 con carrera séptima, en pleno centro de Bogotá.

"Nos salvamos de puro milagro pues instantes antes de las ráfagas del Batallón Colombia el 9 de junio contra nuestros compañeros, me encontraba con un grupo de líderes en la Avenida Jiménez disponiendo algunos asuntos de la jornada masiva de protesta por el asesinato la víspera de Gutiérrez", citó.

"El estudiantado por esos días volvía a renacer en su organización recordando la jornada del 8 de junio de 1929 y veía el surguimiento de la Federación Nacional de Estudiantes. Pero tras las jornadas sangrientas del 8 y 9 de junio de 1954, comenzó de nuevo el clima de persecución".

Concluyó las exposiciones, el poeta y ensayista, Eduardo Gómez, quien también jugó un papel importante como dirigente estudiantil en ese entonces.

Gómez recuerda que hizo parte de la comisión que el 8 de junio de 1954 visitó, horas después del asesinato de Uriel Gutiérrez, al presidente Rojas Pinilla para denunciar los hechos y solicitar el permiso para la marcha estudiantil del 9 de junio.

"Nos recibió afablemente y se mostró muy preocupado por la muerte de Uriel Gutiérrez. Mi tesis es que Rojas no dio la orden de disparar contra nuestros compañeros, esa orden vino de otros mandos interesados en obligar al presidente a definirse de una vez por todas contra la democracia, bajo el argumento que la masacre fue resultado de un complot de los laureanistas y el partido comunista, tal como lo registró la prensa".

Todos los panelistas estuvieron de acuerdo en propiciar para próximo año un gran evento nacional en Bogotá que dé un nuevo impulso al 8 y 9 de junio, fechas insignes del estudiantado colombiano.

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