Las FARC más lejos de la paz

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Por Camilo González Posso

Las FARC han desatado una ola de atentados con bombas que colocan en medio de la población civil produciendo muertos, heridos y destrucción de viviendas. Son típicos actos terroristas que no hacen distinción alguna  y que causan destrucción indiscriminada.  Según informes de lideres y organizaciones de base, en esas operaciones en el sur occidente del país – Valle, Cauca y Nariño – en estas semanas iniciales de 2012, han intervenido milicias, frentes y columnas de las FARC que desde el 2010 intensificaron sus hostilidades no obstante los golpes infringidos por la fuerza pública y la  reducción de sus áreas de movilidad en el resto del país.

 


 

Los registros de acciones de guerra, realizados por  varias organizaciones y entidades, indican que desde 2009 a 2011 se han aumentado los atentados especialmente en el sur del país, en los departamentos de Cauca y Nariño y también en Caquetá, Huila y Putumayo. Se anotan reactivamientos en Arauca, Catatumbo y en corredores entre Choco y Córdoba. La mayoría de esas acciones son ejecutadas con explosivos, como las bombas,   y con  minas antipersona; las emboscadas a unidades de policía o fuerza militar y los ataques directos son minoritarios aunque han aumentado  en el   último año. (datos del CINEP, FIP, Defensoría y Arco Iris).

La reestructuración de las tácticas bélicas no es el único componente del Plan Renacer y demás definiciones de la última conferencia de las FARC, pero todo indica que los jefes de esa guerrilla le siguen apostando a cambiar la correlación de fuerzas en el terreno militar como eje de su estrategia para llegar en condiciones favorables a una eventual negociación con el gobierno. La acción política y social encargada a PC3 o a milicias bolivarianas, ha tenido los mayores desarrollos en los últimos dos años, con incidencia urbana y en movilizaciones sociales importantes, pero choca con los efectos perversos del escalamiento militar y la subordinación  de la acción política a las estrategias de guerra.

Timochenko ha repetido en sus cartas que están interesados en diálogos y rutas de solución negociada con el gobierno, pero al mismo tiempo las FARC con las declaraciones de Iván Márquez, vuelven  a colocar el canje como tema prioritario y lanzan su ofensiva en varias regiones con atentados criminales que le restan credibilidad y audiencia social a sus discursos políticos. El saldo neto es completamente negativo para las FARC que pierden aún más audiencia entre la población y, en zonas enteras como las de indígenas y afros en Cauca y Nariño, son vistos como una fuerza de terror  contra la población y sus organizaciones autónomas.

El gobierno y los radicales de la solución militar del conflicto, los que siempre han dicho que la única opción es derrotar a la guerrilla y someterla a la ley, capitalizan con todos sus recursos el rechazo de la población  a la violencia  de las FARC. Con cada bomba o atentado de las FARC es menor el margen para soluciones negociadas y mayor el campo de maniobra de las estrategias de guerra hasta la derrota. Es una aparente paradoja que no quieren descifrar los jefes guerrilleros: entre más fuerza militar muestren con sus métodos de guerra de guerrillas y de daño indiscriminado, más se aíslan políticamente y más lejos se encuentran de la paz.  Timochenko no parece aceptar que tiene más impacto una carta suya con  propuestas políticas y decisiones humanitarias y de desactivación del conflicto, que todo el despliegue de hostilidades o de bombas que puedan hacer. Pero como siempre el terror y el horror no le dejan campo a la razón.

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