Hace 15 años se firmó la paz en Guatemala

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Por Camilo González Posso, Director del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

El año 2012 comenzó con celebraciones y balances de las consecuencias de los tratados de paz suscritos hace quince años en Guatemala. Actos solemnes en el monumento a la paz, discursos presidenciales, condecoraciones, programas de televisión y radio, editoriales y crónicas de los medios de comunicación.

No cabe duda que esta sociedad cuenta su historia reciente hablando de antes y después de la firma del pacto  de Paz Firme y Duradera suscrito el 29 de diciembre de 1996, con el cual se puso fin a cuatro décadas de enfrentamientos armados y violencia política que dejaron 200.000 muertos y cerca de 50 mil desaparecidos.

A la hora de las cuentas, casi todos los analistas coinciden en valorar el cierre definitivo de los actos de guerra y el nuevo ambiente de libertades políticas. Los acuerdos de desmovilización han sido cumplidos rigurosamente, sin que se presente reincidencia desde las guerrillas y con desmonte de buena parte de las fuerzas armadas y fuerzas de inteligencia que acompañaron la guerra.

La oposición dejó de tratarse como objetivo militar y se ha intentado abrir el sistema electoral. Como diría un político tolimense, se puede pescar de noche y recorrer todos los caminos sin retenes de guerra.  Como dice Marcello Colusi  en las paginas de Rebelión, la terminación de la lucha armada llegó a ser una necesidad inaplazable y la guerra un obstáculo vital para toda la sociedad.  El cese definitivo de hostilidades no era la paz pero si un imperativo para imaginarla y darle una oportunidad a los cambios.

Este 14 de enero toma posesión como Presidente de la República el General  Otto Pérez, uno de los militares que encabezó la contrainsurgencia y fue firmante de los acuerdos  de 1996 en Guatemala. Una de sus banderas de campaña ha sido darle cumplimiento efectivo a los acuerdos suscritos que siguen esperando su materialización.

Y en este otro lado de la realidad son más grises los balances:  terminó el conflicto armado pero ahora hay más muertes violentas y se ha impuesto otra guerra absurda, esta vez a nombre del combate militar a las drogas y de represión a la delincuencia urbana. La seguridad y no la solidaridad es la prioridad de los gobiernos.

Han sido 15 años sin masacres, secuestros, detenciones arbitrarias a media noche o ejecuciones extrajudiciales. La Comisión del Esclarecimiento Histórico de Naciones Unidas identificó responsables de crímenes atroces y responsabilizó del 90% a las fuerzas del Estado pero la impunidad ha sido casi total.  Los acuerdos sobre los derechos de los pueblos indígenas ( 80% de  la población total), han ayudado a la organización y movilización del pueblo  maya pero sus reivindicaciones siguen aplazadas en un país donde el 2% de los propietarios concentra el 65% de la tierra productiva. Los pactos sobre tierra, impuestos y redistribución están en veremos y han  primado los intereses de la apertura a  la inversión extranjera y a la gran minería.

Nadie duda en Guatemala de la bondad de los pactos de 1996 y de la terminación del conflicto, pero la solución a medias ha facilitado el paso a una sociedad más violenta y más injusta e inequitativa.  Es una experiencia cercana a la realidad colombiana pero desconocida y ocultada incluso entre los académicos que no dejan de recordar, con alta dosis de dogmatismo,  que cada país y su historia es singular e irrepetible. Los neoconservadores criollos se han limitado a predicar que no existe correlación entre pobreza y violencia y reducen la paz a la desmovilización de la guerrilla y a la seguridad.

A los quince años de los pactos de paz en Guatemala, no estaría mal una lectura de sus enseñanzas para salir de la trampa de la guerra en Colombia. Talvez esto ayude a superar la manía de ver la paz solo o principalmente como asunto de justicia transicional o, peor aún de rebaja de penas y desmovilizaciones. Hoy los guatemaltecos dicen que con sus acuerdos evitaron la colombianización del conflicto armado pero llegaron por otra vía a la sociedad violenta.  Los colombianos podríamos decir que para ir más allá de la terminación de un conflicto armado se requiere unir el propósito de paz con los cambios necesarios para hacer posible la sociedad no violenta.  Eso dicen los glifos mayas para este  2012.

 

 

 

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