Desde Barrancabermeja

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Marcha previa al encuentro de Barranca, foto de Vanguardia Liberal


 

A Barranca llegaron varios miles de campesinos desde las veredas más azotadas por la violencia y el desplazamiento y también se hicieron presentes delegaciones de indígenas del norte del Cauca.  Algunos viajaron más de 24 horas desde Putumayo, Nariño, Arauca o  Catatumbo o lo hicieron en dos jornadas como los comuneros de la ACIN y su guardia.

Todos llegaron con sus carpas y ollas a acampar en la Villa Olimpica o sus alrededores al estilo ya conocido de la minga o de los encuentros que dieron origen al Mandato Campesino en los años setenta o al Mandato Agrario en los noventa.

 

Lo fundamental del Encuentro ha estado en los pronunciamientos y testimonios de las organizaciones campesinas e indígenas sobre la urgencia de parar la guerra y encontrar espacios  de dialogo para la paz en todas las direcciones y con todos los sectores involucrados en el conflicto y necesarios para la solución a la violencia prolongada y generalizada.

Como era de esperar, y afortunadamente, desde la instalación se constató que no era un evento homogéneo.  La urgencia de la paz es un sentir desde todos los rincones pero la reivindicación del diálogo como ruta es hecha por unos como presión para que se inicien negociaciones entre el gobierno y la guerrilla y se concreten acuerdos humanitarios como preámbulo a una agenda sustancial.

 

Desde los indígenas y organizaciones urbanas la gran preocupación es crear de inmediato escenarios de protección de la vida, la existencia y los derechos de la gente y las comunidades; lo que algunos han llamado la Via Ciudadana asume que la llave de la paz es el avance en  democracia y equidad y la conformación de sujetos civiles, políticos y sociales, que ganen espacios de  poder ciudadano también para exigir  que pare la guerra y se repudie con gestos y movilizaciones cada expresión de violencia política y económica.

A pesar de los informes de inteligencia sobre la influencia de la guerrilla en las zonas de origen de algunas delegaciones, el gobierno mostró cautela y descartó el viejo método de calificar este tipo de convocatorias como maniobra del terrorismo. Las FARC y el ELN, también mostraron otro estilo en su relación con las organizaciones campesinas y evitaron protagonismos y maniobras que en esta larga historia han asfixiado  a los lideres sociales y la autonomía de sus organizaciones.

 

Este evento realizado en Barranca le  dice al país que hay un conglomerado social que sigue existiendo y se llama campesinado: más del 40% de la población total y cerca de 15 millones de personas.  Es una advertencia a quienes han borrado la palabra campesinos de todos los documentos de política pública, incluido el Plan de Desarrollo, la Ley de Victimas y los hasta ahora conocidos proyectos de reforma rural.  Los ideólogos del modelo basado en macroproyectos agroindustriales y minero energéticos, en el mejor de los casos hablan de pequeños productores o minifundistas y parecen creer que lo que queda de campesinos ahora son los refugiados urbanos y conglomerados rurales fraccionados e ineficientes.

 

El  mensaje de Barranca dice que esas políticas y proyectos que invisibilizan a los campesinos son en realidad la cobertura de la vieja violencia y de sus próximos capítulos. Pero también hay mensajes positivos que parten de un resurgir de la presencia campesina que busca ser un interlocutor directo,   en la búsqueda de soluciones a los problemas sociales y a los conflictos armados y por territorios, tierras y recursos. El reto esta resumido en el cartel que anunció el Encuentro en el Club Infantas: Tierra y paz, el diálogo es la ruta. Habría que agregar que es la ruta que tiene que abrir la suma de fuerzas ciudadanas insubordinadas, indignadas sin armas en contra de la guerra.

 

Barrancabermeja, 13 de agosto de 2011

Por: Camilo González Posso, director del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación.

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