Actualizado (Viernes, 18 de Febrero de 2011 13:58) Escrito por Oficina de Comunicaciones Viernes, 18 de Febrero de 2011 12:31
El pintor Gabriel Posada, en la exposición en Bogotá
Después vendrían los años de colegio en Pereira donde despuntó su afición por el dibujo y la pintura. Que sirvieron, cuando apenas ccumplía la mayoría de edad, en la elaboración de las vallas tamaño heroico que anunciaban las películas más comerciales de Cine Colombia.
“Pinté durante dos años todos los rambos de Stallone y Bruce Wills, entre otros ganchos cinematográficos atrayendo la mirada de miles de pereiranos”, comenta hoy.
Esta formidable escuela le reveló que su camino era la pintura. Pero cambió el retrato de las efímeras figuras de cartelera por los lienzos donde plasmaba una realidad social que lo atormentaba.
De ahí su premio en el Salón de Artistas de Pereira por la obra Shit, que retrata el mundo de la indigencia.
“No dudo que mi compromiso social lo descubrí en los vivaces debates del cine club de Pereira, donde presentábamos toda esa gala de cine arte de los 60 y 70”, comenta Gabriel quien también se desempeñó como proyeccionista de Cine Colombia por años.
Sin embargo, el paso del tiempo no lograba borrarle las crudas imágenes que viera en el río. “Las fotografías de Jesús Abad Colorado en la Luis Angel Arango en Bogotá, sobre las víctimas de la masacre de Trujillo, me tocaron otra vez y con dos de ellas me hice a la idea de exponer la tragedia de la violencia, pero a través del río”, señala.
Y el Cauca, como dice, le dio los elementos de la obra. En 2008 ganó una residencia artística del Ministerio de Cultura que lo puso durante cinco meses de andariego entre Cartago, Valle y La Virgina, Risaralda, recogiendo los testimonios de labriegos y pescadores sobre la muerte que arrastraba el río. En esta labor. lo asesoró la artista Yorlady Ruiz.
Con las fotos de Rodrigo Grajales, Luz Adriana Carrillo y de él mismo, Gabriel plasmó los rostros de decenas de víctimas sobre el mismo material en el que eran arrojados muchos cadáveres al Cauca, llenando la obra de un profundo simbolismo: costales de cabuya plástico.
Bien atrás quedaban las estrellas del celuloide de Cine Colombia. Ahora, pintaba tres rostros de mujeres en gran formato, 8X 5 metros, instaladas sobre balsas de guadua de 9X5 metros junto a dos instalaciones y tres pinturas más sobre balsas de igual tamaño.
“La exposición partió el 1 de noviembre de 2008, el Día de las Ánimas, desde el puente Anacaro en la población de Cartago, Valle, siguiendo el rumbo incierto que toman tantos desaparecidos de nuestro país. Fue una exposición-procesión lenta y conmovedora como una oración en el vacío”, recuerda.
Las obras fueron acompañadas por balseros hasta la Virginia, en Risaralda) “y allí, nostálgicamente, las abandonamos. El cauce del río hizo de ellas un destino que hoy desconocemos”.
En ese trajinar de la memoria, Gabriel destaca a María Isabel Espinosa, una campesina de la vereda Guayabito, a orillas del Cauca, quien desde hace una década, con una pasión de médica legal, pero con una gran escritura, toma nota de cada uno de los cadáveres que pasan frente a su casa en esta bitácora de la muerte.
Según los relatos de testigos que consultó para su obra Magdalenas por el Cauca, calcula que en los últimos 20 años más de medio millar de cuerpos han trasegado por el río, muchos de ellos viajando con gallinazos a cuestas. Las autoridades casi nunca intervienen dejando que naveguen hasta que los restos se pierdan en el cauce.
Y cuenta algunas anécdotas macabras. Un cura de una vereda llegó a prohibir a los pescadores y lugareños que no volvieran a traerle los cadáveres que pasan por el río pues se veía obligado a los responsos y liturgias de rigor, restándole tiempo para sus oficios sagrados.
O aquella de los niños del río que rescatan algunos cuerpos para sus rondas y juegos. Muchos de ellos realizan instalaciones, cuyas fotos están en la exposición, y que envidiaría cualquier artista, con muñecas, bidones y toda clase de enseres que arrojan las urbes al Cauca.
El 17 abril de 2009, Gabriel volvió a sus andadas con su peregrinación de memoria. Esta vez con las matronas de Trujillo donde tuvo lugar una de las peores masacres que recuerda Colombia con más de 300 víctimas.
En otra versión de Magdalenas por el Cauca, en Río Frío, con los rostros de varias mujeres, el del padre Tiberio, el párroco de Trujillo, asesinado en el genocidio, una estatua de la Ofelia, de Hamlet, hecha en icopor, y una instalación, lanzaron al río siete balsas en una ceremonia que conmovió a todos.
La obra de Gabriel ya da la vuelta al mundo. El pasado 29 de noviembre, el documental “Los abrazos del río”, del colombiano Nicolás Rincón, obtuvo el Globo de Oro en el Festival de cine de Nantes, Francia él se recoge parte de la historia de las Magdalenas del Cauca. En Colombia se espera su estreno en abril próximo.
La Exposición- Procesión Madgalenas por el Cauca, fue inaugurada el martes 15 de febrero en el Café Cinema , en Bogotá con la proyección de un video sobre la obra y a ella asistieron varias matronas de Trujillo y la hermana Maritze Trigos, quien trabaja con los familiares de las víctimas de la matanza de esta población del Valle.
En el acto,los familiares no dejaron de lado su inquietud ante la aprobación en la Cámara de Reprsentantes de la Ley de Víctimas, que establece 1991 como el año límite para reconer el derecho a la reparación cuando los hechos de Trujillo ocurrieron unos años atrás.
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