Desaparición forzada: el dolor de la incertidumbre

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desaparicion_forzada_art__semanaCientos de familias han esperado por años el regreso de sus seres queridos. Algunas prefieren aferrarse a la figura del secuestro, una condición que, según ellas, les da esperanza de verlos vivos de nuevo.

“Se-cues-tra-do”. Con lentitud enfática, Liliana Salamanca deletrea la única palabra que mantiene con vida a su esposo, Darío Ramírez Castaño, después de siete años de haber sido raptado por el Frente 54 de las Farc. A él se lo llevaron del barrio 7 de agosto de Bogotá, y desde hace seis años no tiene comunicación con sus secuestradores.

A la misma palabra se aferra con vehemencia Blanca González de López desde hace ocho años, cuando cuatro hombres armados sacaron a su hija Dora Elizabeth López del hotel La Villa, en Guaduas, Cundinamarca. Los hombres pertenecían al Frente Celestino Mantilla de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, al mando de John Fredy Gallo Bedoya, alias el 'Pájaro'.

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Informe de La Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas (CBPD)


Ninguno de los dos nombres se encuentra registrado en la lista de secuestrados que hoy tiene el Fondo Nacional para la Defensa de la Libertad Personal (Fondelibertad), ni aparecen en los medios de comunicación como los secuestrados políticos o militares.

Sus nombres aparecen escritos, perdidos entre 3.000 más, en una lona blanca que cuelga en uno de los muros de la Fundación País Libre, y también en la lista de cerca de 12.000 desaparecidos forzosos que tiene la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas.

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