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Después de breves saludos de algunos de los asistentes, Camilo González invitó a todos a la “tarea terrícola de depositar un puñado de tierra en los tubo s dispuestos con un testimonio sobre alguna víctima”. Más de 200 cilindros de vidrio fueron llenados y colgados en el depósito especial junto con otros centenares que ya reposan allí y que finalmente quedarán para siempre en el frontis del monolito.
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