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PRESENTACIÓN DEL DISEÑO ARQUITECTÓNICO DEL CENTRO DE MEMORIA Y DEL CENTRO VIRTUALOfrecerle a Bogotá un Centro de Memoria, paz y reconciliación en ocasión del Bicentenario de la Independencia es una invitación a un gran compromiso con las presentes y futuras generaciones. Con esta obra arquitectónica que será punto de encuentro para no olvidar y con las actividades que desde aquí se convocaran para construir paz, Bogotá reafirmará en Julio de 2010 que después de 200 años de búsquedas no hay mejor opción que abrirle caminos a la imaginación, a la democracia y a los derechos, para dejar atrás los ciclos de violencia y recuperar lo mejor de la creatividad.
El agua, la tierra y los árboles son los elementos visibles de la obra, seleccionada con inteligencia por el jurado integrado por la Sociedad Colombiana de Arquitectos y la Alcaldía Mayor de Bogotá.
A los espacios del Centro se desciende por un espejo de agua que nos introduce en un rito, en una ceremonia dedicada a la reflexión sobre lo que han sido siglos de nuestra historia construidos por gente digna y trabajadora. Por encima de todo sobresale un monolito que emerge de la tierra misma al estilo de los centros ceremoniales de las antiguas civilizaciones. Es un pedazo de nuestro propio suelo que se eleva para darle oportunidad al pensamiento, a la memoria, a la construcción de sueños compartidos. Los árboles que vienen del fondo de esa tierra y que acompañan a los caminantes y visitantes son parte del homenaje a la vida que simboliza en este Centro que no dejará de mirar a los viejos columbarios, guardas de centenares de NN, que son testigos silenciosos de parte de nuestra historia y que seguirán allí por otros siglos para decirnos que nunca hay que olvidar que la "vida es sagrada".
Construir sobre la memoria y el homenaje a centenares de miles de víctimas, es construir sobre el propósito de no repetir la tragedia y la atrocidad que han permitido postergar la democracia y la plena realización de una sociedad civilizada respetuosa de la vida y de todos los derechos. La opción del olvido ha sido intentada en muchas latitudes infructuosamente como argumento para transiciones políticas a periodos de paz. Un personaje de ingrata recordación, Augusto Pinochet, era especialista en convocar al olvido para hacer posible la reconciliación. De tanto en tanto preguntaba el dictador: « ¿Quiere que le diga cómo se alcanza la paz y la reconciliación? ¿Sabe usted cómo se apagan los incendios? » Y respondía: « Nunca se apagan parcialmente. Se agarra un balde de agua fría, se la arroja sobre el fuego y todo se acaba. Si usted deja algunas llamas, el fuego renace. Así es como se apaga el fuego (...). Es esto hacer la reconciliación ».
Sus seguidores sacaron conclusiones diciendo que « No es por el recuerdo de los sufrimientos mutuamente infligidos y provocados que se debe hacer la reconstrucción de la unión nacional, sino por la voluntad sincera de reconciliación... ».
La experiencia histórica ha demostrado que no hay agua fría capaz de hacer olvidar historias colectivas de violencia crónica, prolongada y sistemática, ni diluvios capaces de obligar a omitir el duelo, ni sociedades silenciadas que no exploten tarde o temprano desde las heridas no cerradas. El olvido forzado se ha develado como otra forma de violencia y como la negación de la reparación y del compromiso de no repetición.
Pero cuando se reivindica la memoria y la necesidad de la verdad histórica no solo se trata de imperativos éticos para poder pensar en un futuro mejor. La recuperación de la o las memorias, de las verdades de las victimas y de la sociedad victimizada es también una necesidad en la construcción de un Estado Social de Derecho y en la democracia apropiada a la sociedad actual del conocimiento, la información y la globalización de los derechos humanos. En esta época como nunca antes convivimos, hacemos la vida cotidiana en forma compartida con los dolores y alegrías de la humanidad. El derecho a la verdad, el derecho a la información, a la comunicación transparente y veraz, no son abstracciones y se han convertido en necesidades sociales básicas a las cuales tiene que responder el Estado y el compromiso de toda la sociedad.
Así que nada más lejos del totalitarismo y del olvido que los caminos hacia la reconciliación. La reconciliación no se puede imponer por la fuerza como no se puede imponer la democracia o como no se puede decretar la felicidad perpetúa. Todos son procesos que requieren transformaciones. Por esto la reconciliación ha sido pensada como fruto de la superación de las violencias y no como un reclamo subjetivo para que victimas y victimarios se perdonen o declaren un estado de alma de perdón; la reconciliación es también construcción colectiva de condiciones democráticas para hacer posible la convivencia entre contradictores y antiguos antagonistas.
El Centro de Memoria, paz y reconciliación será entonces un espacio para el encuentro entre diversos y un ejercicio permanente de tolerancia y creatividad en función de la paz. La obra arquitectónica cuyos diseños ya están en marcha es otra demostración de la confluencia necesaria entre el derecho a la verdad y el derecho a la belleza. No le falta razón a la Declaración Universal de los Derechos Emergentes cuando habla del derecho a la estética urbana como parte del derecho a la ciudad. La estética no es compatible con la atrocidad como el arte es incongruente con la falsificación.
Las pretensiones del Centro del Bicentenario, con su memoria viva, solo se pueden alcanzar con la participación de todos los Bogotanos como gestores de cada uno de sus componentes. En el centro se ha reservado un lugar importante a un CAVID, Centro de Atención Integral a Victimas, desde el cual se ofrecerá orientación a las víctimas de la violencia y se remitirán a la institución que deba responder a sus demandas y concurrir en la garantía de sus derechos. Y de la misma manera se le dará importancia al Centro Virtual de Memoria, paz y Reconciliación que desde hoy entra en funcionamiento para acompañar la participación ciudadana en todo este proceso.
AGRADECIMIENTOS
En nombre de esta administración reiteramos nuestro reconocimiento y gratitud a todos los que vienen aportando con su entusiasmo a hacer realidad el CENTRO DE MEMORIA, PAZ Y RECONCILIACIÓN que simbolizará la celebración del Bicentenario, como monumento vivo a las víctimas de los conflictos violentos del último siglo y como compromiso con la construcción de una sociedad en paz.
A la Sociedad de Arquitectos, al jurado del concurso para el diseño de la obra, a los 41 participantes, al equipo del proyecto, GRACIAS. Gracias a los profesionales que han contribuido a hacer realidad el portal del Centro Virtual y a las organizaciones de victimas y demás organizaciones y personas que nos acompañan desde la Comisión Asesora y desde diversos espacios.
El Centro del Bicentenario de Memoria, paz y reconciliación ha comenzado su marcha.
Diseño: Astrolabio