Aún surca la “Doris Gil”, en memoria de una reina

Conmemoraciones

por Roberto Romero
El amor hizo también el milagro que Doris Gil se prolongara en el tiempo. Ocho años después de su atroz muerte, junto con su esposo, Helmut Bickenbach, una límpida nave con su nombre,  surca las aguas del Golfo de Urabá.

 

Los Bickembach habían sido secuestrados por las Farc el 27 de diciembre de 2002 y asesinados, tras una fallido rescate militar,   cerca al Alto de La Vírgen, entre los municipios de Guaduas y Chaguaní,  Cundinamarca, el 23 de junio  de 2003

 

Doris Gil, quien fuera una de las más hermosas mujeres y coronada como reina nacional de belleza en Cartagena en 1956, también por amor renunció al cetro para casarse con Helmut, un exitoso empresario antioqueño como ella.

Luz Marina Zuluaga, quien la reemplazó, se coronaría un años más tarde, como Miss Universo.

Pero la “Doris Gil”, como su esposo bautizo la nave, no ha dejado de surcar las aguas del Atrato y ahora del Darién por dos décadas.

 

Hernando Gil Grajales, comentó para Centro de Memoria, que tras unos meses de abandono de la motonave, su compañía Transporte Marítimo Internacional, logró rescatarla.
“Logramos adecuarla de nuevo y con algunas refacciones de rigor la pusimos de nuevo a navegar y así también rendimos un homenaje a la memoria de Doris”, señala.

Ahora la “Doris Gil” no trasiega por los ríos del Chocó cuando llevaba alimentos a los pobres del campo. Zarpa cada 15 días de Turbo a Panamá y trasiega por las aguas del Urabá.

 

Todo comenzó cuando Helmut aceptó el ofrecimiento del presidente Virgilio Barco Vargas, en 1987,  de encargarse del entonces Idema, un instituto de mercadeo para las gentes más humildes.   “El no vaciló a pesar de que ya superaba su medio siglo de vida y muchos le aconsejaron que siguiera tranquilo manejando y disfrutando el capital que había construido”,  recordó la revista Semana.

 

Hizo a un lado sus negocios particulares y empezó a tomar decisiones para ayudar a los campesinos. La primera fue la de crear el programa de 'lanchas tienda' para poder llevar alimentos básicos a los campesinos de los lugares más apartados a través de los ríos y quebradas. La primera lancha tienda que se construyó en el astillero naval de Cartagena fue bautizada con el nombre 'Doris Gil', por votación abrumadora de los trabajadores del Instituto que homenajeaban así la belleza intacta de la reina.

 

Semana anota que con varias 'lanchas tiendas' empezó a navegar por regiones abandonadas y donde para entonces ya las Farc se movían como pez en el agua. Los ríos Atrato, Guayabero, Caguán, Putumayo y Patía fueron escenario de estas embarcaciones que iban y venían por sus aguas para adquirir directamente las cosechas de los campesinos, evitando que sus ganancias terminaran en las arcas de los intermediarios.

 

Entre las Farc hubo una orden de respeto absoluto hacia este programa. La prueba es que jamás fue asaltada una lancha a pesar de que eran un apetecido botín pues llevaban dinero y comida. "Nunca nos tocaron. Incluso nosotros en ocasiones sentíamos que los guerrilleros nos vigilaban, que nos escoltaban desde las montañas", dice un ex empleado que trabajó en el programa.

 

La citada publicación añade que durante cuatro años Helmut Bickenbach volcó todas sus energías al frente del Idema descuidando sus negocios particulares. En el año 90, cuando ya iba a cumplir 60 años de vida, volvió para ponerse al frente de sus empresas. Su regreso coincidió con la crisis económica que llevó a la quiebra a muchos agricultores.  Él fue uno de ellos. Durante un tiempo estuvieron capoteando el vendaval y buscando nuevas opciones. "Vamos a sembrar fresas", le dijo a Doris. Pidieron dinero prestado porque no tenían liquidez. Pero la situación se puso difícil y el negocio no dio. Fue saliendo poco a poco de los centenares de empleados que llegó a tener para tratar de salvarse. Luego fueron entregando, como dación de pago, uno a uno los inmuebles que tenían hasta que entregaron lo que más querían, la Hacienda Timaná, propiedad familiar desde hacía medio siglo.

 

"Quedaron en la física calle", dice un amigo de ellos. Eran los tiempos en que Colombia asistió a dos hechos que marcaron el país: se disparó el secuestro, en especial por parte de las Farc, y se inició el éxodo de miles de nacionales hacia el exterior para refugiarse de los embates de la violencia y los avatares de la crisis económica. Sin embargo la pareja mantuvo intacto su amor por el país: "De esta tierra no nos vamos jamás", decía él.

 

El matrimonio entonces, decidió refugiarse en una pequeña finca en Nocaima, Cundinamarca, donde pasaban los días sembrando plantas y entregados a la jardinería. Ella tenía 63 años y él 69.

 

Tras su secuestro, los familiares estuvieron convenciendo a las Farc de la iliquidez de la familia y tratando de lograr su pronta liberación. No fue posible y de la manera más injusta, Doris y Helmut conocieron la muerte.

 

Por Roberto Romero

Valid XHTML 1.0 Strict - ¡CSS Válido!

Diseño: Astrolabio