Escrito por Oficina de Comunicaciones Centro de Memoria, Paz y Reconciliación Viernes, 17 de Septiembre de 2010 17:44
Conmemoraciones
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| profesor Correa de Andreis |
*Hoy 17 de septiembre, hace seis años, moría, víctima de sicarios, uno de los más brillantes intelectuales de la Costa Caribe
Todos los que pasan en Barranquilla por la carrera 53 con calle 60, en el viejo barrio El Prado, les llama siempre la atención que en toda la esquina se levante un frondoso árbol de mango que da sombra y buenos frutos.
"Fue una idea de toda la familia, sembrar esta planta en el sitio exacto donde cayó acribillado por sicarios mi hermano Alfredo aquel 17 de septiembre de 2004. El árbol ya tiene seis años y es un símbolo de vida a quien tanto la amó y no merecía semejante suerte", anota para Centro de Memoria, Madga Correa de Andreis desde Barranquilla.
"Allí también hemos fijado una placa recordatoria de uno de los crímenes más alevosos contra intelectualidad colombiana y que no debe olvidar el pueblo", recuerda Madga.
Alfredo Correa de Andreis murió a los 52 años, en plena actividad intelectual. Como dicen los anglosajones, era un verdadero think tank, un tanque del pensamiento.
"Dos días antes del atentado, Alfredo había hecho entrega pública, en una acto en la Universidad del Norte, de un juicioso trabajo de investigación sobre los desplazados en la Costa", indica.El maestro Correa, único título del que se preciaba, y entregado a las juventudes en una brillante carrera de docencia que le duró toda la vida, era ingeniero agrónomo y sociólogo. "Por sus méritos académicos, pero sobre todo humanos, Alfredo obtuvo por votación popular la rectoría de la Universidad del Magdalena donde dejó huella por sus notables realizaciones", repasa Magda.
"Seguramente sus investigaciones estaban pisando callos a sectores comprometidos con la violencia, como los actores del desplazamiento de miles y miles de labriegos pobres de la Costa o sus denuncias sobre los crímenes ambientales en la rica zona de Palermo, el costado oriental del río Magdalena, puro enfrente de Barranquilla", relata sobre los posibles autores de su asesinato.
También, añade, el profesor Correa había adelantado una investigación sobre unos dineros de EE.UU. para ayudar a los desplazados y que jamás llegaron a su destino.
Sus verdugos tenían todo preparado para que Alfredo no saliera con vida. "Las investigaciones apuntan a que a la hora del atentado no hubiera policía en los alrededores del sitio del crimen y señalan que en las cercanías de la clínica del El Prado, a pocas cuadras del atentado, habían otros sicarios esperando por si acaso él llegara con signos vitales para rematarlo".
"Si bien los autores materiales del crimen se encuentran presos y condenados, entre ellos el causante de los disparos, apodado "El gato", que también dio muerte al escolta personal de Alfredo, Eduard Ochoa Martínez, que la familia sostenía y no el Estado, que nunca le dio protección, los verdaderos autores, los intelectuales, aun no han sido juzgados y condenados".
Madga, entonces, revisa el caso anotando que el ex director del DAS, Jorge Noguera, aparece implicado en el crimen tras las conocidas denuncias del ex funcionario de ese cuerpo de inteligencia, Rafael García, quien señaló que Noguera tenía una lista de sindicalistas e intelectuales suministrada por los paramilitares para ser asesinados y en la que se encontraba el profesor Correa.
"La situación la debe resolver la Corte Suprema de Justicia. Jorge 40, preso en EE.UU., se ha negado a declarar sobre el magnicidio a pesar de que todo indica que se encuentra implicado", señala.
Correa de Andreis, tres meses antes de su muerte, en junio, fue detenido arbitrariamente al salir de su casa en Barranquilla. "Por fortuna, en esa ocasión, su mujer y su pequeña hija observaron todo y así, frente a la denuncia, no fue desaparecido".
"Estuvo preso un mes en Cartagena donde un fiscal le hizo un montaje con testigos falsos colocados por orden del Ministro del Interior y de Justicia, Sabas Pretel de la Vega, que lo acusaban de ser auxiliador de las Farc", afirma.
"Llegaron incluso de acusarlo de ser instructor de las guerrillas en la Sierra Nevada y la del Perijá y con fechas exactas, pero varias crónicas de la prensa de Barranquilla daban cuenta, con fotos y señales, de la presencia de Alfredo en eventos sociales cuando sus detractores afirmaban lo contario".
"Alfredo era supremamente ingenuo. Como ser idealista que era, jamás entendió por qué lo habían detenido y se negaba a creer que tuviera enemigos, pues se no se cansaba de repetir, cuando lo alertábamos de los peligros que lo asechaban, que el nada debe nada teme", repasa con dolor Madga.
Y cuenta que jamás recibió una amenaza de ninguna índole y nunca pensó en marcharse del país.
"Alfredo era una persona muy querida. Por su notable estatura. 1.92 y su aspecto rubio, lo llamaban cariñosamente el vikingo, además que abrazaba a todos con efusión y calor humano. Le gustaba la salsa, era un ‘mamador de gallo' y no se perdía un carnaval", relata sobre su cálida personalidad.
"Pero Alfredo era sobre todo un demócrata integral, entregado a las causas sociales. En la administración del alcalde Bernardo Hoyos se desempeñó como secretario de Planeación del Distrito de Barranquilla, consultor de Planeación, secretario de Participación Ciudadana del Distrito y jefe de la Unidad de Educación Integral del Departamento del Atlántico".
Casado durante quince años con Alba Lucía Glenn Diaz Granados era padre de Melissa Correa Glenn, de 13 años de edad, vivía con su familia en la calle 60 con carrera 50, es decir a pocos metros de la calle donde fue asesinado.
"Antes de despedirse de su esposa, faltando quince minutos para las dos de la tarde del aquel 17 de septiembre, me llamó por teléfono para ultimar detalles de la fiesta de cumpleaños que le íbamos a hacer a nuestro padre, Alfredo Correa, que se celebraba el día siguiente, el 18. Cuarenta minutos más tarde recibo la llamada de mi cuñado dándome la fatal noticia", subraya.
Afirma que sus padres, Alfredo de 87 años y Eloísa, de 83, resisten con el recuerdo vivo de su hijo en la espera de que antes que se marchen se logre plena justicia y reparación y se dé con el paradero de quienes, en fin de cuentas, dieron la orden final de eliminarlo.
En Barranquilla aún se recuerdan las exequias de este intelectual, hijo de Ciénaga y que apenas con 13 años llegó a la gran ciudad caribeña junto con sus hermanos, Jorge, Raúl y Magda. Miles de personas desfilaron frente al féretro exigiendo justicia.
Hoy, seis años después del crimen que estremeció a la Costa, un árbol de mango, frondoso y altivo, testimonia que allí murió, de pie, alguien que jamás entregó sus principios y que su único compromiso fue con el pueblo.
Diseño: Astrolabio