Conmemoraciones
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| Gustavo Jimenez |
Jorge Soto del Corral |
*Hace 61 años, la intolerancia política escenificó uno de los más graves atentados a la democracia colombiana, con el ataque a pistola y revólver en el propio recinto de la Cámara de Representantes con un saldo de dos congresistas liberales muertos
La madrugada del 9 de septiembre de 1949 marcó para siempre al país. Ese día, a las 12.20 a.m., como si no le hicieran falta escándalos al Congreso de la República, una balacera sin precedente alguno en el mundo, resonó en el recinto de la Cámara de Representantes dejando tendidos mortalmente a los políticos liberales Gustavo Jiménez y Jorge Soto del Corral.
Dos parlamentarios asesinados en una misma sesión. Según los expertos en balística, esa noche fueron disparados exactos 40 tiros, 30 correspondían a revólver y los otros 10 a pistola, tras 20 inspecciones y 54 horas de trabajo en la escena del crimen.
Pero los disparos también retumbarían dos meses después con el cierre indefinido de Congreso el 9 de noviembre de 1949. El presidente conservador Ospina Pérez, que había resultado electo en las elecciones de 1946 tras la división liberal entre Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay, aprovechó el incidente para librarse de un congreso cuya mayoría era del opositor partido liberal y que anunciaba un juicio al mandatario.
Para los cronistas, el escenario de la confrontación era surrealista. A tiempo que en ese septiembre la palabra paz , construida en inmensas letras de neón, titilaba sobre la fachada más alta del Capitolio Nacional, como símbolo de la campaña "Semana cívica pro paz y concordia" , ahí abajo, en el mismo recinto parlamentario, volaban micrófonos, sillas y ceniceros, como complemento de las confrontaciones verbales entre los representantes de los dos partidos.Mientras que en la noche del 3 de agosto, en el recinto parlamentario la bancada mayoritaria liberal citaba a los ministros para ejercer su labor fiscalizadora, la bancada minoritaria del partido de gobierno acallaba con el rechiflar de estridentes pitos comprados a 30 centavos el desarrollo de los debates y cuya orden para el silbato daba Álvaro Gómez Hurtado.
Mientras que el viernes 26 de agosto, a las 4:30 de la tarde, 15.000 mujeres ocupaban 18 cuadras en su desfile de a cuatro en fondo , para exigirle al presidente paz en el hogar y la patria , y el presidente Ospina desde el balcón de palacio afirmaba: Si desde la época de El Libertador ha existido un mandatario que haya invocado la concordia de todos los colombianos, ese mandatario he sido yo , simultáneamente sus agentes y muchos particulares que gozaban impunemente de la protección oficial, continuaban ejerciendo la más dura represión contra los campesinos y provocaban el desplazamiento de miles de ellos hacia los centros urbanos, inaugurando el fenómeno social de los desplazados por la violencia.
En medio de este ambiente de sectarismo, los liberales consideraban que la única garantía que podrían tener para asistir sin temor a las urnas para elegir al siguiente presidente de la República, era que el Congreso, de mayoría liberal, estuviera sesionando. Pero en la fecha acordada primer domingo de junio de 1950 los padres de la patria se encontrarían en receso. Por eso, la legislatura discutía con inusitado ardor el adelanto de la fecha de elecciones para el último domingo de noviembre de 1949.
Según los textos de prensa, la noche de los 40 disparos, el representante conservador por Boyacá, Carlos del Castillo, en uso de la palabra, lanzó una andanada de recriminaciones contra los dirigentes liberales de su departamento. Su paisano, el representante liberal Gustavo Jiménez, de 34 años, reaccionó ante los insultos, y los dos parlamentarios dejaron discurrir fuertes palabras.
Castillo le replicó furioso: Si va a interpelarme, hágalo con valor, como lo hacemos los boyacenses... Lo que ocurre es que yo soy hijo legítimo y usted es hijo natural... y reaccione, reaccione ya! A los 17 minutos de iniciada la sesión, el furioso tiroteo remplazó la confrontación de las ideas. La policía militar ingresó presurosa al salón. En medio de la confusión, se escuchaban órdenes militares, amenazas y los gritos de algunos parlamentarios que clamaban la presencia de un médico.
El país quedó desconcertado. La emisora que transmitía en directo el debate dejó los micrófonos abiertos sin que ningún locutor atinara a explicar lo sucedido. En su curul, el representante Jorge Soto del Corral manaba abundante sangre de sus piernas, mientras que Víctor Mosquera Chaux y el capitán Philips recogían moribundo al representante Gustavo Jiménez, con dos heridas, una en el brazo derecho y la otra, mortal, en la garganta Ante la gravedad de lo sucedido, la Comisión de Justicia de la Cámara delegó en la justicia ordinaria la investigación de los hechos. El juez Miguel Pinto se rodeó para ello de los mejores técnicos en balística y práctica forense.
El representante Jiménez alcanzó a disparar en dos ocasiones su arma. Su contradictor, el representante Castillo, armado de revólver infligió la herida en el brazo de Jiménez y las heridas en las piernas al representante Soto del Corral. El general retirado y representante conservador Amadeo Rodríguez fue incriminado como el autor de la muerte de Jiménez, con una pistola calibre 7.65 mm que no apareció En la Cámara nada volvería a suceder durante los próximos 3.277 días, y no porque sus miembros se hayan aleccionado con la tragedia, sino simplemente porque 62 días después del tiroteo, el presidente Ospina clausurara el Congreso de un plumazo.
En memoria de los parlamentarios, se han levantado dos colegios nacionales: el Técnico Gustavo Jiménez, en Sogamoso, Boyacá, y el Jorge Soto del Corral, en Bogotá. Los crímenes permanecen en la impunidad.
Fuentes: El día que mataron a Gustavo Jiménez, El Tiempo, septiembre 7 de 1999, El cierre del Congreso de 1949, por César Augusto Ayala Diago, Revista Credencial, edición 162, junio de 2003
Diseño: Astrolabio