Escrito por Roberto Romero Ospina Jueves, 06 de Mayo de 2010 14:51
Conmemoraciones
Hoy 6 de mayo, hace cinco años, moría en Bogotá, víctima de la violencia policial, Nicolás Neira ÁlvarezEse domingo no había ciclovía. Nicolás decidió ir al centro de la ciudad para comprar algunos textos de colegio en las librerías de segunda que hay en la carrera séptima, la principal avenida de Bogotá.
Así se lo explicó la víspera a Yuri Neira, su padre, con quien todos los domingos aprovechaba el despeje de las principales arterias para montar en bicicleta.
"Nicolás vivía con su mamá en Suba, y yo en el Tunal, de extremo a extremo en la ciudad. Yo lo recogía bien temprano y disfrutábamos del largo paseo y después de almorzar regresábamos a su casa", recuerda hoy Yuri, de 49 años, mientras acomoda unas sillas en las nuevas oficinas del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado Movice.
"Me quedé tranquilo en casa, sin percibir siquiera por un instante, la tragedia que se avecinaba. Incluso me había dicho, ‘papá, si quieres vete de parranda este sábado pues mañana como no vamos a salir, haré unas vueltas en el centro'", añade.
Un domingo inesperado
Todo cambió inesperadamente ese domingo 1 de mayo de 2005. Una llamada, a eso de las cuatro de la tarde, le avisaba a Yuri que su hijo, de tan solo "15 años y 202 días" había sufrido un accidente y que se encontraba en el CAMI, un centro médico de atención inmediata en el barrio La Perseverancia, a pocas cuadras del centro.
Fue subido a un camión de músicos, pero al verlo sus ocupantes completamente desgonzado, lo condujeron a un taxi. La ambulancia solicitada por la policía, nunca llegó y Nicolás permaneció inconciente, minutos preciosos, sin que los agentes que lo agredieron hicieran nada.
"Lo primero que pensé fue que algún vehículo lo atropelló o fue víctima de un atraco. Nunca pasó por mi mente que Nicolás pudiera haber sufrido un atropello policial", rememora con dolor.
Ese domingo 1 de mayo, día internacional de los trabajadores, Nicolás, apenas un niño, pasadas las 12, quedó atrapado en medio de una columna de muchachos que recibía una violenta andanada de un piquete del Escuadrón Antimotines de la Policía, el ESMAD, que a punta de garrote y gases lacrimógenos ponía su cuota en la tarea de dispersar, en vano, la gigantesca demostración.
Tanto Yuri como Nicolás, no sabían "de primeros de mayo. Yo en política era un cero a la izquierda y nunca me interesé por esos asuntos", confiesa este padre que vivía con cierta comodidad fruto de la venta de pólizas de seguros a grandes empresas.
Los gases de la muerte
"Nicolás permaneció literalmente paralizado mientras los marchantes de ese grupo se retiraban unos instantes. Quedó allí, con sus frágiles 50 kilos y 1.50 de estatura, como un blanco inerme, sólo, frente a ocho agentes antimotines, como han relatado los testigos", aclara Yuri.
Añade que "los gases tuvieron que hacer mella en los debilitados pulmones de Nicolás, que sufría asma desde los seis años, amén de la tremenda experiencia de verse rodeado por semejante escuadrón de la muerte".
Repite que él y Nicolás jamás habían participado en una demostración del 1 de mayo. "Todo indica que cuando el niño se encontraba en la avenida, a la altura de la calle 24, buscando una librería, vio a algunos de sus compañeros que desfilaban portando pancartas en contra de la violencia contra los animales y decidió unirse a la marcha".
En la cartera de Nicolás, Yuri encontró tres láminas en defensa de los animales y una que decía, "jamás comeré algo que tenga ojos". Incluso, se había vuelto vegetariano.
Seis cuadras más al sur, en la calle 18, se presenta el ataque del ESMAD. Allí Yuri, con sus propios medios, puso una placa de recordación del luctuoso hecho que cinco años después sigue en la impunidad.
"Nicolás, por la gravedad de las lesiones, más de una docena de golpes, todos en su cabeza, (uno de ellos medía 26 centímetros, de oreja a oreja), fue trasladado a la clínica Piñeres Corpas, al norte de la ciudad", relata.
El calvario de las amenazas
Mientras su hijo se encontraba en cuidados intensivos, con múltiples fracturas en el cráneo, su padre comenzaba el calvario de las amenazas. Varias llamadas en la madrugada del lunes 2, lo citaban a una estación de policía. Por supuesto que no acudió.
Más tarde, agentes de civil, lo están esperando en la puerta de la casa de un amigo donde había pernoctado, demostrando que lo estaban siguiendo.
"A la clínica acudieron varios agentes entre el 2 al 6 de mayo, día este último cuando fallece Nicolás, supuestamente para interrogarlo, violando todas las normas legales. Las autoridades del centro médico no permitieron las extrañas visitas. En el libro de la recepción quedó todo esto registrado", repasa.
Sin embargo, señala, para el proceso judicial no fue posible allegar estas pruebas pues desapareció la bitácora así como los videos de seguridad del hospital.
Nicolás se despide de todos
"El martes 3 de mayo, Nicolás presenta un inusitado cuadro de lucidez. Converso con él. Y cerca de una docena de sus compañeros de curso lo visitan. Entran de dos en dos y con todos ellos mantiene un animado encuentro. Pero más bien parece una despedida, incluyendo saludos para otros amigos", narra Yuri esforzándose por evitar el llanto.
El 5 de mayo, Nicolás, con apenas 15 años y 202 días de vida, entra en coma profundo. Los médicos diagnostican un daño cerebral irreversible.
"Frente a esta situación y como recuerdo que una vez conversando los dos sobre el tema le dijera que si alguna vez sufriera lesiones cerebrales irreversibles, prefería que me desconectaran, estando él también de acuerdo con lo mismo, solicité a los médicos una autorización semejante", señala.
Pero el viernes 6 de mayo a las 3 y 45 de la tarde, pocas horas después de la recaída, y sin ser necesaria la dramática decisión de su padre, fallece Nicolás en su lecho de enfermo.
Yuri solicita al colegio que Nicolás sea velado allí, en medio de muchas dificultades por la oposición soterrada de las directivas. Aunque era un fin de semana, acuden centenares de alumnos y más de mil personas de organizaciones sociales y populares.
Las sombras de la impunidad
"El asesinato de Nicolás sigue en la impunidad. Aunque está plenamente identificado el escuadrón que realizó el operativo criminal, dirigido por el coronel Granados Abadunza, ahora director del ESMAD, las investigaciones no avanzan y a pesar de que la Procuraduría, el 6 de enero pasado, ordenó sanciones disciplinarias y la destitución del capitán Julio César Torrijos y el subteniente Edgar Fontal, por estar implicados en los hechos, estos permanecen en sus cargos".
Yuri denuncia que "el fiscal de la unidad de derechos humanos de la Fiscalía General, que hace un año mostró enorme interés por esclarecer el crimen, lleva ya más de ocho meses sin responder mis peticiones y la de los abogados, se borró por completo".
A Yuri, la desaparición de su pequeño hijo, le cambió la vida por completo. Hoy es un activista de tiempo completo del MOVICE y no ceja un minuto en su esfuerzo por ayudar a las víctimas de crímenes de Estado.
"Los sueños de Nicolás no tenían que haber sido truncados. El se preocupaba por las cosas que estaban pasando en el país y quería por eso estudiar ciencias sociales. No descansaré hasta encontrar la verdad y que haya pronta justicia. Pero no solo por mi caso. Pienso ahora en las miles de víctimas que deja este conflicto, pues sé bien los sufrimientos por los que pasan", concluye.
Yuri Neira, en estos cinco años, ha sido objeto de cuatro atentados para segar su vida, detenido 24 veces y allanado violentamente El Salmón, el popular centro cultural alternativo para jóvenes que fundara dos años después del crimen, en vanos intentos, como dice, de impedir que se esclarezca la muerte violenta de su hijo, un domingo 1 de mayo, cuando todo era sol y vida para Nico, como lo recuerdan, con cariño, todos sus amigos.
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