Escrito por Gabriel Bustamante Peña : Asesor jurídico-político de la Corporación Viva la Ciudadanía y columnista de diversos medios escritos y electrónicos
Conmemoraciones
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| Foto tomada de la revista Semana.com / Rodrigo Lara Bonilla fue asesinado la noche del 30 de abril de 1984, después de salir de su despacho en el Ministerio de Justicia. |
Rodrigo Lara Bonilla condensa en su pensamiento, vida y obra, la lucha histórica contra las mafias que pretendieron apoderarse del Estado colombiano, alienar y someter a la sociedad y mancillar la dignidad de la nación. Su asesinato, contrario a lo que pensó el crimen organizado, no constituyó el triunfo de aquella sórdida unión de bestiales narcotraficantes, sicarios paramilitares, empresarios sin escrúpulos y políticos corruptos; -que aún hoy, bajo otras formas, actúan y se enriquecen impunemente sobre los cadáveres y sufrimiento de millones de colombianos- sino, que por el contrario, su valiente sacrificio abrió los ojos de un país aletargado por el dinero fácil, y congregó conciencias para oponerse al aberrante proyecto de convertir a Colombia en un Estado paria, en un país dominado por el crimen organizado.
Hoy, 26 años después de su magnicidio la lucha continúa. Las mafias han mutado sus estructuras organizacionales y siguen manoseando al país bajo la complicidad de algunos militares, funcionarios públicos y jueces; se han reestructurado con ciertos políticos y empresarios hasta llegar a confundirse, y continúan utilizando la violencia como medio de apropiación de no sólo extensas zonas del territorio nacional, vinculadas a las principales fuentes de riqueza lícitas e ilícitas, sino también, del poder político que les garantice impunidad y enormes beneficios legales.
La mezcla de masacres, desplazados, narcotráfico, violaciones y corrupción con la búsqueda de representación política a nivel regional como nacional, y la captación de las instituciones del Estado, que hoy conocemos como parapolítica, o mejor dicho: narco-parapolítica, fue lo que combatió Rodrigo Lara Bonilla desde el Nuevo Liberalismo, el Senado de la República y el Ministerio de Justicia."Soy un Ministro peligroso para sectores que están al margen de la ley[1]", afirmó Lara unos meses antes de su muerte, en agosto de 1983. De igual manera, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que su memoria y su legado lo siguen haciendo peligroso para el hampa política, empresarial y militar que está en la actualidad entregando el país a las mafias. Las mismas estructuras criminales que en los ochenta lo asesinaran, -al igual que a centenares de políticos, jueces, periodistas, policías y colombianos honestos que siguieron su ejemplo- continúan delinquiendo tranquilas, con los magnicidios y crímenes que hasta hoy siguen impunes.
Recordemos tan solo, lo que sentenció el entonces Senador Rodrigo Lara, empezando 1981, en una intervención en el Congreso de la República: "¿Se logrará la paz en Colombia mientras la política dependa de una manera tan sensible del dinero? (...) Dinero de los grupos económicos, de las mafias, de la corrupción pública; dineros que, de no ser controlados drásticamente, terminaran por acabar nuestra democracia[2]" Hoy, más de dos décadas después, la infiltración de lo peor del crimen organizado en el Congreso y su captación del Estado, sumado a la falta de voluntad política para adelantar una verdadera reforma electoral, le están dando dramáticamente la razón.
Por esto, el olvido de lo que representa Rodrigo Lara Bonilla para Colombia y la renuncia a la verdad histórica sobre las causas y los responsables de su desaparición, representan una muerte más contundente, que las implacables ráfagas de los sicarios que intentaron callarlo infructuosamente, aquel 30 de abril de 1984.
El presente texto, intenta a través de la vida de Rodrigo Lara Bonilla, acceder no sólo una radiografía de la convulsionada Colombia de principios de los ochenta -donde Lara fue un antagonista indiscutible del crimen y la corrupción contemporánea- sino también, a los antecedentes y sucesos políticos y sociales que marcaron su personalidad y su posterior vocación política. Indagar en las circunstancias durante las cuales desarrolló su niñez y su juventud: la "violencia", el Frente Nacional y el posterior conflicto social colombiano; enmarcados políticamente por el desarrollo y evolución del liberalismo social (del cual él y Luis Carlos Galán fueron sus últimos dolientes) y el ambiente internacional signado por la guerra fría, con su antesala actual de lucha mundial contra el narcoterrorismo. Y todo esto, para rescatar el carácter iconoclasta de Rodrigo Lara Bonilla y su visionaria mirada del acontecer nacional, en la cual hay muchas claves para entender nuestro inmediato presente, pero sobre todo, muchas advertencias de lo que lo que nos puede deparar el futuro.
[1] Diario El Tiempo, 1 de mayo de 1984.
[2] Acta de las sesiones ordinarias. Comisión I del Senado de la República, 5 de febrero de 1981.
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